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El riesgo que no se ve

Las empresas suelen prepararse para lo evidente: una intrusión, un robo, una falla técnica, una emergencia física. Pero muchas veces el riesgo más peligroso no entra por la puerta.

Está en una decisión tomada con afán. En una alerta que nadie atendió. En un proveedor que nunca fue validado. En un proceso que depende de la memoria de una persona. En una frase que parece inocente, pero puede ser fatal: “aquí nunca ha pasado nada”.

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